width: 100%;

Los estudios sobre la fauna en los bosques tropicales suelen centrarse casi exclusivamente en lo que ocurre a nivel del suelo, dejando un gran vacío de información sobre las especies que habitan y se desplazan en las copas de los árboles. En este contexto, surge la investigación titulada «Mamíferos de dosel en el Bosque Seco Chiquitano de Bolivia», un trabajo pionero que busca documentar la biodiversidad en las alturas de este ecosistema estratégico. El Bosque Seco Chiquitano enfrenta crecientes amenazas que ponen en riesgo su integridad ecológica, lo que hace urgente el desarrollo de este tipo de monitoreos para guiar estrategias de conservación efectivas en la ecorregión.

Para explorar este entorno de difícil acceso, se instalaron 12 cámaras trampa en el Centro de Estudios del Bosque Seco Tropical (CEBST) Alta Vista – Fundación para la Conservación del Bosque Chiquitano, ubicadas a alturas que oscilaron entre los 4 y los 20 metros del suelo. Mediante el uso de equipos de escalada profesional y tecnología láser para medir las distancias con precisión, los investigadores lograron un esfuerzo total de 804 trampas-noche durante 67 días consecutivos. Esta metodología permitió capturar imágenes y videos en puntos estratégicos de interconectividad entre las ramas, documentando las rutas naturales de animales que rara vez descienden al sotobosque.

El resultado de este esfuerzo técnico fue el registro de 11 especies de mamíferos, pertenecientes a diversos grupos taxonómicos como primates, marsupiales, roedores y carnívoros. Uno de los hallazgos más sorprendentes fue la presencia recurrente de la Carachupita de cola lanuda (Glironia venusta), que resultó ser la especie con mayor frecuencia de captura en el estudio. Este dato es de especial importancia para la comunidad científica boliviana, ya que existen muy pocos registros históricos de este pequeño marsupial y se conoce muy poco sobre su ecología debido a sus hábitos extremadamente escurridizos.

Registro fotográfico general de la masto-fauna en el dosel dónde: a. Carachupa (Didelphis cf. marsupialis), b. Carachupita (Marmosa sp), c. Carachupita de cola lanuda (Glironia venusta), d. Manechi negro (Alouatta cf. caraya), e. Mono león (Mico melanurus), f. Mono Martin (Sapajus apella), g. Mono michi (Potos flavus), h. Masi colorado (Hadrosciurus spadiceus), i. Masi (Notosciurus pucheranii)

La investigación también arrojó luz sobre los ritmos de vida en las copas de los árboles, confirmando que la actividad en el dosel es predominantemente nocturna, especialmente entre las 19:00 y las 04:00 horas. Mientras que especies como el Mono Martín (Sapajus apella) prefieren las horas del día para sus actividades, la gran mayoría de la biodiversidad aprovecha la oscuridad para desplazarse, lo que resalta la utilidad de las cámaras trampa para estudiar comportamientos que son imposibles de observar mediante métodos de búsqueda diurna. Asimismo, se documentaron especies en categorías de riesgo como el Manechi negro (Alouatta caraya) y el Mono león (Mico melanurus), cuya supervivencia se ve amenazada por la deforestación que fragmenta estas «autopistas aéreas».

Esta investigación fue liderada por Nicolás Malpartida Ferrero, Kathrin Barboza-Marquez y Luis Hernán Acosta Salvatierra. El estudio contó con el apoyo fundamental de la Fundación para la Conservación del Bosque Chiquitano (FCBC), el Museo de Historia Natural Noel Kempff Mercado y la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno. Gracias a este trabajo conjunto, Bolivia cuenta ahora con una base científica sólida para futuras investigaciones sobre la fauna que habita en uno de los ecosistemas más complejos y fascinantes del país.

Lee el artículo completo aquí: https://mammalogynotes.org/ojs/index.php/mn/article/view/535